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CRONICA  DE UN VIAJE EN FLOTILLA A MARRUECOS (Agosto 2009)

Entrando en Saidia

CRONICA DE UN VIAJE EN FLOTILLA A MARRUECOS (Agosto 2009)

(31/08/2009) Lo que empezó como una idea, lanzada al aire en una de
tantas conversaciones de marinos pertenecientes al foro La Taberna del Puerto en el salón náutico de Barcelona: “¿Y porque no nos vamos unos cuantos barcos este verano a Marruecos?” se hizo realidad a las 4 de la madrugada del día 2 de
agosto en el puerto de Cartagena donde de un modo asombrosamente ordenado y silencioso zarpaban 11 embarcaciones rumbo 198º.A éstos se les unirían 5 barcos más, un total de 56 hombres, mujeres y jóvenes, todas las ganas del mundo de “descubrir” nuevos paisajes, pero sobre todo de cruzar el mar de Alborán, navegar y pasarlo bien.
 
Antes de esto los preparativos, reuniones, programación  de derroteros, solicitud de permisos, listas de víveres,… fueron muchos, pero se había conseguido. A Cartagena llegaron en un intervalo de varios días barcos procedentes de Cataluña, Valencia, Alicante y hasta de Galicia!, ahí se les unieron otros de esta base.
 
Nuestro barco, el Corsario, llegó al puerto de Cartagena procedente del Balís, después de dos fines de semana de aproximación, el primero hasta el puerto de Vinaroz y el segundo, mas de 200 millas, desde este puerto hasta Cartagena con una hermosa levantada que nos llevó del cabo de la nao hasta el cabo de Palos.
 
A medida que se acercaba el día, los patrones apenas podíamos disimular la preocupación ante una travesía larga con una meteo no muy halagüeña. El cruce del mar de Alborán es muy técnico; las frecuentes ponientadas y levantadas obligan a un cuidadoso seguimiento de la meteo, sin olvidar el importante tráfico marítimo.
 
De común acuerdo decidimos atrasar unas horas la salida programada
para el día 1 y aprovechar una ventana de cambio del viento entre el levante y
el poniente y así disfrutar un día mas de la hospitalidad magnífica del Club de
Regatas de Cartagena.
 

“Se ha parado el motor”   

Cuando amaneció el día 2 de agosto sobre un mar plano sin apenas viento, las 10 velas y un solo barco de motor destacaban sobre la costa almeriense casi invisible. Estábamos solos, pero juntos; la emisora (canal 77 LTP) fue el lazo que unió a las embarcaciones en todo momento, con rueda de posición y velocidad, chistes, recomendaciones técnicas, preguntas sobre electrónica,… y noticias de los desayunos a bordo.
 
El día transcurrió con calma hasta las inmediaciones del dispositivo de separación de tráfico del mar de Alborán, donde las siluetas de los petroleros y cargueros que venían o iban hacia el Estrecho se recortaban en el horizonte cruzándolo con enorme rapidez, pero sin  suponer una alarma para la flotilla.
 
La calma no tardó en cesar, primero uno de los barcos tuvo problemas con una obstrucción en la alimentación de combustible del motor que se pudo subsanar con un fuerte soplido en la tubería. Ya entrada la noche, el benjamín de la flota, un Dufour 28, que presentaba una fuga de gasoil desde hacía horas, tuvo que ser remolcado, durante 12 horas, hasta la costa marroquí, al pararse su motor debido a la rotura del rodete de la bomba de agua.
 
En los dos casos la flota esperó para seguir unida y la sensación de navegar protegidos se extendió en todas las cubiertas a medida que avanzaba la noche y empezaban las guardias.
 

MARRUECOS  

Al amanecer se divisó la costa de Argelia cuyas aguas territoriales evitamos cuidadosamente, al tiempo que la radio anunciaba la proximidad de otros dos barcos que se incorporaban a  la flotilla procedentes de Roquetas, cerca de Almería.
 
Las montañas del Rif se acercaban lenta e inexorablemente, cómo solo se acercan las costas a los navegantes que llegan.
Contactos, bienvenidas, planificación de entrada en puerto, sesión de fotos en
una procesión ordenada de todas las embarcaciones,…. Atracamos bajo un sol de justicia a las 13h horas en una marina de enormes dimensiones, bien planificada, con la sensación de estar casi estrenándola. Se había arribado a Saidía.
 

“Hemos llegado a Marruecos tras atravesar el mar de Alborán”  

Nos recibió un país en plena evolución. La zona de Saidia, en el punto más oriental de Marruecos, es el lugar de partida de un desarrollo urbanístico y turístico que recorre toda la costa norte marroquí.
Buenas carreteras, paseos, centros comerciales y un ambiente de veraneo de
extranjeros y de las de las clases más pudientes del país.
 
El rey Mohamed VI, presente en todas las calles y edificios con grandes fotografías, pasa las vacaciones de verano en la zona,  donde tiene varios palacios y un precioso velero de 3 palos fondeado, listo para levar anclas. Nos cuentan que el propio rey impulsa el lanzamiento económico y turístico de las tierras costeras del Rif.
 
La excursión a Nador y la comida en la playa de Cabo de Agua nos dejó la sensación de estar ante una potencia turística a la que le faltan muchas tablas, donde precio y atención son sus fuertes, y la limpieza y organización sus puntos débiles.
 
En una pequeña travesía en solitario, la tripulación del Corsario pudimos disfrutar de placeres náuticos que ya creíamos imposibles en el Mediterráneo, como fondear en una calita “para nosotros solos” o delante de una kilométrica playa absolutamente virgen.
 
Tras algún susto por una subida de tensión en el suministro a los pantalanes, que averió algunos equipos eléctricos, la falta de dragado del canal de salida de la marina, complicaciones en las baterías de algunas embarcaciones o inundaciones de poca importancia, se puso rumbo a las Chafarinas camino de Melilla.
 
La llegada a Melilla nos trajo a todos la sensación de “estar en casa”, pero no podíamos imaginar la acogida que nos iba a dispensar esta bella ciudad, cuidada, cosmopolita y enormemente familiar.
 
Los “taberneros”, los responsables del foro, Natacha y Javier, (no en vano a través del foro La Taberna del Puerto se organizó el viaje) nos atendieron, dieron pistas e hicieron de furgoneta de reparto para aprovisionar las despensas de los barcos. Mientras, se ampliaba el número de tripulantes, ya que en Melilla se unió más gente y barcos que no pudieron salir desde Cartagena. Éramos 17 barcos en total.
 
De Melilla partimos hacia Al-Hoceima con escala en cala Tramontana, un espléndido rincón, a la sombra del Cabo Tres Forcas, de transparentes aguas verde botella rodeadas de arenas ocre.
 
La tarde-noche fondeados que pasamos en la cala Tramontana fue sencillamente deliciosa; se invitó a aperitivos, te y café, copas en distintos barcos y las auxiliares no pararon. A la mañana siguiente 16 anclas se separaron de la arena para poner rumbo a Alhucemas. No vimos un solo barco deportivo en las 60 millas.
 
LA CIUDAD QUE MIRA AL MAR DESDE LO ALTO  

Alhucemas (antigua ciudad española llamada Villa Sanjurjo) es una preciosa población blanca que, desde lo alto de un acantilado, preside la bahía de su nombre, sus calles, su mercado colorista, sus gentes sonrientes y encantadoras, conquistaron a toda la flotilla desde el principio.
 
La policía marroquí custodió a barcos y tripulaciones los dos días que estuvimos abarloados en su puerto comercial. En el puerto nos facilitaron agua para llenar depósitos y quitar la sal que se acumulaba en las cubiertas; nos pusieron guías, y contribuyeron en todo lo posible a que la estancia fuera inmejorable. Las vistas de la bahía desde cualquiera de los cafés o restaurantes que se emplazan al borde del acantilado, con toda la flotilla cuidadosamente colocada, fueron muy celebradas. 
Descubrimos el tajin, el cuscús, el te con hierbabuena, los magníficos dulces marroquíes… una gastronomía muy saludable y sabrosa, al tiempo que la estiba de los barcos empezaba a sumar teteras, chilabas, faroles, dátiles… que iban subiendo a bordo buscando su lugar en un espacio reducido.
 
“¿Dónde está el Levante?”  

Las predicciones hablaban de un Levante que iba a entrar fuerte y las noticias de la península nos decían que en Baleares y en el Mediterráneo español el Levante llevaba soplando días sin amainar. La prudencia de nuevo de los patrones evitó fondear en Cala Iris y zarpamos directo hacia Marina Smir con un mar denso como mercurio y total ausencia de viento, pero con una corriente de 2.5 Knt a favor que hizo una delicia la travesía.
 
Marina Smir es un puerto de corte occidental que nos permitió reponer fuerzas para emprender el regreso y conocer los alrededores, un encantador pueblo marinero y turístico llamado el Rincón de M’Diq (más chilabas y aceitunas para estibar, además de un espléndido y económico pescado) y la gran sorpresa de todo el viaje: la mágica ciudad de ChefChauen.
 
Completamente encalada de azul celeste, Chauen fue la concreción de las auténticas poblaciones del Rif.: calles estrechas, zocos multicolores, artesanías imposibles y un afecto encantador de parte de sus habitantes. Al igual que Tetuán, que también nos sedujo con sus mercados y palacios señoriales.
 
El 17 de agosto fue la fecha de enfrentarse a otro reto como lo había sido el mar de Alborán: el paso del Estrecho. Un grupo de los barcos de menor eslora salieron algunas horas antes, mientras el resto de la flota lo hizo a media mañana para aprovechar la corriente favorable. Doce nudos de través fueron perfectos para cruzar una “autopista” líquida con mucho tráfico. Con alguna que otra leve modificación de rumbo para dar respeto a los grandes buques con los que nos cruzábamos, alcanzamos por la tarde tierras españolas, llegando a Estepona.
 
La flotilla que se había mantenido compacta hasta entonces empezó a dispersarse al dirigirse hacia sus puertos de origen con mayor o menor prisa. Mientras 6 barcos aprovecharon la estancia en Benalmádena para asistir a la recién inaugurada Feria de Málaga, los catalanes poníamos proa al mar para ir recorriendo las casi 600 millas que nos separaban de El Balís.
 
“El regreso”  

Un Levante incómodo en el Cabo de Gata nos retuvo amarrados en Almerimar. Los días que siguieron fueron el regreso a la navegación de un barco en solitario, y  echamos de menos la compañía, los chistes, las risas, la solidaridad de aquellos amigos que seguían navegando por otros rumbos, con la firme promesa de volvernos a encontrar en otros puertos.
 

La vuelta 

discurrió con vientos de cara, ¡como no!, que nos acompañaron primero
hasta Cartagena y luego hasta el puerto de Moraira para luego un régimen de
brisas hasta El Balís, de nuevo con escala en Vinaroz. El recorrido total ha
rondado las 1500 millas. Cartagena, Alborán, Saidia, Melilla, Alhucemas,
Chauen, el Estrecho,… todos estos lugares quedaron prendidos en nuestra memoria con el mejor de los recuerdos gracias a la labor de todos los que participamos en esta pequeña aventura, la solidaridad, compañerismo, ganas de agradar, esfuerzo de organizadores, capitanes, tripulaciones, que lo hicieron posible.
 
Quisiera también agradecer la ayuda prestada por las  autoridades marroquíes y muy en especial, por el cónsul y vicecónsul de Marruecos en Barcelona a cuyas gestiones tanta ayuda debemos.
 
Volveremos a zarpar juntos, seguro; ya estamos preparando el derrotero y esta vez nos encantaría disfrutar de la compañía de más barcos de nuestro puerto base.
 
 
Pere Mateu Soler Socio nº 1825

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